¡Hola! ¿Qué es hoy? ¡Viernes! ¿Y qué empieza hoy? ¡DICIEMBRE!

Diciembre, querido diciembre. El mes de la navidad, del frío. El mes de canciones, de ilusiones. Regalos, materiales o no, pero regalos. Visitas, reencuentros.

Diciembre, es “EL MES”

En Diciembre algunas personas parecen olvidar muchas cosas malas que están pasando. Hay como una magia que rodea el mundo que “ablanda” los corazones. Pero… ¿Por qué no pensamos en un perdón eterno? No temporal.

“El que es incapaz de perdonar, es incapaz de amar”

Martin Luther King

Perdonar es un auténtico reto. Todo el mundo nos enfrentamos a ello casi a diario. Cuando alguien te traiciona, te ataca de algún modo, la reacción inmediata es guardar un sentimiento confuso pero que te alimenta de una frustración grave, dolor, ira, incluso en muchos casos… Venganza.

Es muy normal que en ese mismo instante te sientas así. No te sientas culpable por ello. Sólo tienes que darte un tiempo para tu dolor y resentimiento, pero una cosa, no lo alargues demasiado. Te hará cada vez más daño.

Hablando científicamente, he podido leer que las personas que no perdonan tienden a sufrir altos niveles de presión arterial y frecuencia cardiaca, y por consiguiente, problemas de salud. No perdonar conlleva reacciones naturales como la culpa, el odio, la rabia que están directamente vinculadas con las enfermedades cardiovasculares y muertes tempranas. Seguro que no habías pensado que un sentimiento te diera tantos problemas de salud, pues sí.

Teniendo en cuenta los datos científicos y la tranquilidad interior, ¿No crees que nos merece mucho la pena perdonar?

Aprendiendo a perdonar

Lo primero que debes saber y comprender es que el resentimiento y la incapacidad de perdonar te generará sentimientos muy negativos que te harán mucho daño a ti. No a la persona que te hizo aquello, no… Ahora estamos hablando de ti.

Lo segundo es que entiendas que tú y solamente tú eres el responsable de tus sentimientos. Muy probablemente no seas el responsable de lo que sucedió o de aquello que te hizo daño. Pero sí eres el único responsable de como te sientes frente a ese hecho.

Y aquí viene el secreto. Eres poderoso, y tienes el gran poder de transformar esos sentimientos negativos en sentimientos positivos. Recuerda, es por tu propio bien.

Tercero y más importante. Hay que estar dispuesto a perdonar. Todos somos orgullosos, pero querido lector, debemos ponerle límites a nuestro propio orgullo. Cuando una herida se mantiene abierta no hace ningún bien. Piensa en aquella persona que te hizo aquello, ¿Está siendo el centro de tu vida? ¿Te merece la pena eso que estás sufriendo? Perdona con el corazón, no con palabras.

Perdonar, pero perdonar de verdad de la buena.

Perdonar de verdad es un paso más allá. Plantearse por qué la otra persona te hizo aquello. Intenta comprenderla, ponerte en su lugar. Aléjate de los sentimientos negativos que tienes por esa persona. Juzga desde la subjetividad.

Date tu tiempo. Y haz comprender a la otra persona que necesitas tiempo pero que estás dispuesto a llegar a ese nivel de tranquilidad contigo mismo. Pero con tiempo, con tú tiempo.

Una manera de hacer más fácil este camino puede ser escribiendo una carta de perdón, en la que dialogues contigo mismo. Escribir te libera y te ayuda a aclarar tus ideas y sentimientos.

Y recuerda siempre, que lo que te propongo hoy, no lo tienes que hacer por nadie, ni siquiera por quien te hizo daño. Sino que esto lo haces por ti. Por tu bienestar interior y exterior. Tu tranquilidad es importante.

¿Lo ponemos en práctica?

Ama, ámate y siempre ama. Desde el amor, todo se puede.

Que tengas una bonita semana. Muchas gracias por leerme y de todo corazón deseo que tengas un bonito inicio de Diciembre. Con esto declaro oficialmente inaugurado…. ¡El fin de semana!

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Escrito por:Ana

4 respuestas a “Perdonar, ese gran placer

    1. Desde mi punto de vista y mi experiencia, considero que he perdonado de verdad de la buena cuando pienso en aquella persona y no siento ese pellizco en el corazón que te hace sentir mal. No sé si me explico. Recuerdo lo que pasó y reflexiono acerca de ello, pero no me produce un estado de mal estar. Simplemente lo recuerdo como algo que pasó, de lo que aprendí y prefiero estar bien conmigo misma que seguir toda mi vida acordándome de aquello desde el rencor sino como una experiencia más en mi vida.

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